¿A dónde se han ido mis pájaros?
El cielo se siente más vacío sin ellos. La mañana solía llegar con su canto.
Ahora duda.
¿Fueron los pesticidas, asentándose en semillas e insectos por igual?
¿Fue la contaminación difusa, el lento desangre?
Fertilizantes deslizándose en vías fluviales, manchas de aceite extendiéndose en charcos, plásticos rompiéndose en trozos tan pequeños que se disfrazan de comida.
Mil fuentes, con paisajes que parecen tan quietos, pero que cargan una química que deshace la vida hilo por hilo.
Convertimos la tierra en cuadrículas y lo llamamos progreso. Quizás no fue una sola cosa. Quizás fue todo, acumulándose como sedimento. Cada elección lo suficientemente pequeña como para justificarla, juntas lo suficientemente pesadas como para romper el equilibrio. Y el silencio que sigue, no está vacío. Es un eco. Una pregunta que sigue volviendo, preguntando no solo a dónde se han ido los pájaros, sino qué estábamos dispuestos a sacrificar para que se fueran